jueves, 2 de febrero de 2012

¿COME ÑAME TÚ?*

A Nathalia Malaver

Fui a inscribirme para obtener los beneficios que ofrece el gobierno a personas como yo. Me atendió un hombre vestido de verde oliva, muy respetuoso. Estaba sentado tras una mesa.

-    Buenas noches, caballero.

-    Buenas noches.

-   ¿Viene por el programa de beneficios que ofrece el gobierno o por las oportunidades que otorga?

-    Vengo por lo segundo, por las oportunidades que otorga.

-    Muy bien. Tomaré sus datos… Me dice su nombre.

-    ¿Mi nombre?

-    Sí, caballero, su nombre.

-    Es que… no me lo sé… no lo recuerdo… ¡qué sé yo!

-    ¿Cómo es eso?

-    Venga, vea y le explico… ¡Ojo! no me estoy burlando.

-    Bueno, explíquese.

-  Mi papá me continúa llamando, hijo, muchachito o carajito. Mi mamá, cariño, querubín, igualmente hijo o piojito. Mi abuelo se dirige a mí como nieto, heredero, muchacho y mis tíos como sobrino, joyita… Mi novia me dice papi, papito, corazón. Mis amigos, pana, bróder, pajúo, jodedor, pipidioro. Los compañeros de trabajo también son variados, flaco, zancudo, yeyo, palo de escoba… Hasta los siete años era bebé, niño, pichurrito, mi amor… fíjese, hasta yo mismo me doy nombres diferentes: si estoy de mal humor o algo me sale mal soy bestia, bruto, ignorante. En caso contrario, estrella, insuperable, magnífico… Se da cuenta por qué no recuerdo mi nombre.

-    Sí. Pero usted me complica la vida.

-    ¿Yo? ¿Por qué?

-    Ahora desconozco si el nombre que llevo es realmente el mío. Dese cuenta: cuando ingresé al cuartel era nuevo o recluta. Los que entraron conmigo me decían curso. A los seis meses era cabo y al año “mi sargento”. Ya pronto a salir era antiguo y una vez afuera, exrecluta. En el liceo era sabio, intelectual, sabelotodo. Con mis amigos de excursión guía o capitán. Los niños me dicen señor…

-   También entiendo… ¡Y tanto que le costó a nuestros padres ponernos un nombre!
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* Publicado en El Procesos-The Process Año II (MMIX). Nro. XIV.

domingo, 29 de enero de 2012

EVOLUCIÓN

De acuerdo a los conocimientos actuales no son factibles los viajes intergalácticos de ida y vuelta, ni planetas con vida de cualquier naturaleza. Tampoco hemos sabido dar explicaciones a miles de sucesos ni obras físicas de nuestro pasado, salvo de manera teórica discutible e inconvincente, pero que ha tranquilizado nuestra mente. Tampoco conocemos el origen del hombre, de la humanidad ni siquiera del ser humano (y me refiero al verdadero).

De acuerdo a lo anterior yo también tengo una teoría totalmente válida y a la cual me voy a dar con furia: en otro planeta habitado o tal vez ya desaparecido porque cumplió su ciclo de vida, de los miles de millones que hay en el Universo (y me quedo corto) partieron seres con destino a descubrir otros mundos. Con sus conocimientos estaban muy claros que no era posible el regreso a casa. En sus trayectos se ocurrieron varias generaciones que también iban evolucionando y almacenando su historia en sus libros de los libros. Fueron descubriendo en su ruta planetas con posibilidades de vida o con vida ya establecida, siendo uno de esos el nuestro.

Ocurrió en momentos en los que había posibilidades. Y por ese ir y venir de la relatividad que afecta al tiempo regresaban cuando ya la posibilidad era un hecho y habían florecido las semillas que habían sembrado. Así se podría entender ese decir: los dioses se unieron a los hombres, y esas discusiones entre hombres y dioses por un partido de dominó mal llevado, y que hayan bajado de las alturas a la que llamaban cielo. O de apariciones para entregar mensajes, pues había desconocimiento humano para el uso de transmisores inalámbricos.

Al igual que mis antecesores en teorías no tengo pruebas (porque si no dejarían de ser teorías), salvo mi poderoso cerebro racionalizador y humano, además de todo lo aprendido en mis más de cien años de existencia.

viernes, 20 de enero de 2012

SIEMPRE HE SIDO FELIZ*

Acabo de llegar de “laisla”. Fueron vacaciones que me dejaron sensaciones y sentimientos que antes no había tenido conmigo (después se volvieron fiesta). Vivía la preadolescencia.

Mi mamá siempre fue muy devota de la Virgen del Valle magariteña y cada septiembre (fuera por carretera, por lancha o por avión de hélice) también visitábamos a mi abuela… La mayoría de los orientales le rinden veneración (a la imagen, no a mi abuela).  Son fiestas religiosas que se volvieron populares, y que han ido cayendo en decadencia desde varios puntos de vista, salvo el fervor de sus tradicionales.

Primero el acto litúrgico de la misa seguida de la procesión alrededor de aquella plaza con el nombre del prócer de la zona (Santiago Mariño). Procesión acompañada con cantos al compás de banda marcial y muchas velas iluminando las creencias de los fieles. Terminado el cumplimiento del ritual empezamos otro: dar vueltas a la plaza, jugar en el parque mecánico, comer algún helado, cotufas o empanada de cazón. Un paseo familiar en la transición de la tarde a la nocturnidad, estrenando zapatos, camisa o alguna otra prenda.

Después dirigíamos nuestros pasos hacia alguno de los clubes que se armaban para la ocasión. Una vez seleccionado nos ubicábamos en alguna mesa. Muchos asistían sólo a bailar. Eran tiempos de obsequiar a las damas mientras el ritmo lo ponían orquestas contratadas. Mi bebida, refresco, la de los adultos… bueno, ya saben… Tres piezas equivalían al pasaje mínimo en un transporte urbano. Todos éramos invitados.

No sé por qué razón estiré mi brazo y la invité. Para mi fueron bailes de gala (por lo que diré al final sé que superé mi timidez y conversé con ella)... Mi madre fue una sola, de eso no tengo dudas. Me dejó (también dinero) para que continuara. Parte de esa inversión la utilicé en danzar con la hermana de mi “recuerdo”, pues este estaba “cansada”. Pero llegó el momento de la partida (la mía).

Fue corto también el tiempo y hay ciertas cosas que se agotan, por lo que decidí irme a casa. No sé si me despedí. Caminé la distancia. Por no haber sido mi época de mirar hacia arriba imagino el cielo con muchos puntos brillantes, unos titilando y alguno a paso raudo. A partir de aquel ahora la cotidianidad hizo presencia. En algunas lagunas a través de los años los recuerdos se hicieron presentes y hoy volvieron. Un nombre, Argelia; un lugar, La Asunción; y un bello rostro con un lunar que lo fijo en mi memoria.
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* Enviado al “I Concurso Internacional de Nano Literatura de Proyecto Expresiones” (15/09/2010)


viernes, 13 de enero de 2012

LA PRINCESA Y EL SIR

Del país de donde vengo, específicamente de mi condado, donde soy dueño y señor, las flores forman parte del diario vivir. Tanto así que los comerciantes hacen fiestas con ellas. Orquídeas, tulipanes... eternas invitadas a festivales y celebraciones. Hermosas representantes de la naturaleza sin ser exclusivas... Ya verán porqué lo digo…

No hay quien no las nombre, o las incluya en sus poemas como damas indiscutibles de sus discursos: rosas para la amada (o la amante), claveles para la madre, lirios para lo divino, margaritas para las conmemoraciones...

¿Y nuestras princesas…? Las reinas son adornos del rey, juguetes de la corte, ganancia del juego político… ¿Y las princesas? Hijas de los reyes, adoración del reino, joyas de la corona, protagonistas de las fantasías…

En mi constante cabalgar y mucho antes he convivido con una de esas princesas, una linda princesa.

La cayena, rosa del pueblo que ennoblece los caminos; que separa las aceras de los hogares; que facilita sus encantos para inducirnos a los paisajes del sueño y del descanso.

Cayena, rosa del folklore que en los cabellos de las mujeres resaltan sus bellezas en equilibrada armonía e intercambio.

Cayena, rosa “acolorada” que en variedades podemos encontrarte, pero que en mis recuerdos resaltas el rojo y la sencillez de tus pétalos.

Cayena, rosa del estacionamiento que en el patio de mi niñez y de mi adolescencia con tu sola presencia lo transformaste en jardín.

Cayena, rosa efímera que alimentaste aquel morrocoy que en su diario venir y regresarse recorría todo el hogar de mis ancestros.

Cayena, rosa nacional de algún país que para el mío eres solamente una flor popular, pero la princesa de mis expresiones, de mis recuerdos, de mi mundo…

martes, 10 de enero de 2012

SOUVENIR TROPICAL

Desde mi lugar de observación y una vez realizadas algunas compras puedo disfrutar de un hermoso paisaje: un cielo bloqueado por nubes bicolores. En lontananza una isla alargada y en cercananza otras más pequeñas que desde mi puesto miden menos de un jeme. La mar con su degradación que se aclara hasta romper las olas y convertirse en espumas que acarician con su llegada a la arena.

Arena que sobre sí acoge cocoteros, sillas de extensión, algas, vendedores de baratijas y de masajes, un puesto de salvavidas abandonado y a mí como centro del mundo…

Recordaba a mi “alto pana” y a una de sus ideas originales y que tiene que ver con la espera en los aeropuertos. Él propone un simulador igual a la cabina de pasajeros de los aviones como antesala de abordaje. Estaríamos cómodos con la sensación de ya estar por despejar. Unos camareros con sus carritos, revistas y films harían placentera la espera. Cuando al final debamos partir hacer igualmente el trasbordo. La atención personalizada no generaría gastos extras, quedando a nuestra discreción la propina…

Mi mente siguió su curso y recordé que a mi llegada registraron mi dactilar y chequearon mi identificación con el fin de reducir el acceso de delincuentes a la isla. Esto sólo en los aeropuertos por lo que para evitar presionar los dedos utilizan otras vías…

martes, 3 de enero de 2012

AGUA DE RÍO

Hace pocos días visité el castillo de mi alto pana. Como siempre me recibió con una amplia sonrisa. Conversamos mucho para finalmente y al analizar lo expresado concluir que fueron bagatelas. Me dijo que me sintiera cómodo, como si estuviera en mi castillo, que él iba a hacer algo que tenía pendiente. Le respondí: - Está bien, curiosearé y jorungaré por aquí y por acullá. No os preocupéis, evitaré dañaros o llevarme cualquier cosa (ya me sentía en mi castillo).

Mi “alto” se mudó de ropaje y en su carruaje el cochero lo condujo hasta la dirección que le indicaron.

Entre tanto me fui a la habitación en donde se procesan los alimentos. No recuerdo qué, pero en un sartén freía unas rodajas de carne que despedían un olor bastante agradable. Fui a la nevera, me serví medio vaso de agua fría con la otra mitad a temperatura ambiente, transformándola así, como por milagro, en “agua de río”… me doy cuenta de pronto que se podía quemar mi almuerzo, coloco mi vaso a un lado y atiendo la emergencia para evitar un descuido. Ya listo apagué el fogón y en un movimiento de giro tropecé el vaso… estuve todo el resto de la tarde recogiendo vidrios…

miércoles, 28 de diciembre de 2011

MUJERES BELLAS


¿Quién no ha visto como se mueven esas damas en la cocina? Son tan hermosas cuando con el utensilio adecuado hacen trocitos con alguna verdura y preparan un delicioso almuerzo. Como en un milagro convierten en arepas lo que antes era harina… (¿Seremos tan crueles de quitarles ese privilegio?).

El prodigio con que toman un cepillo y una esponja para dar lustro a unas cerámicas que de opacas han comenzado a brillar… (¡Y dios quiera que aun siendo inocentes seamos responsables de un sucito!).

¿Y las ventanas? Esos vidrios rectangulares que iluminan y dan prestigio al hogar… ¡Cómo resplandecen cuando la reina de la casa con su varita y sus palabras hacen en poco tiempo que podamos ver a través de ellas el paisaje, o nuestra imagen si fue un espejo el beneficiado de sus habilidades.

El canto de su voz y su sonoridad inundan todo el ambiente: - ¡Mucho cuidado con ensuciar los muebles! Y la fanfarria final: - ¡Se limpian bien los zapatos cuando pasen!

Finalmente, un poco antes de que ella se rinda a los placeres merecidos de un descanso reconfortante, de un sueño reparador, mientras regresamos de cualquier cosa en la cocina, siervos, esclavos y obedientes como somos, reconociéndole su tacto distinguido y culinario, le pedimos que nos prepare una deliciosa taza de café…

sábado, 24 de diciembre de 2011

CONFUSIÓN NAVIDEÑA*

Aún contando con un nuevo año que me da experiencias y aprendizajes me son más confusas algunas situaciones. Ha llegado otra navidad. Lo sé porque en mi casa han colocado un arbolito con muchos adornos y luces. También el nacimiento con muchos juguetes y luces. Lo sé porque mi papá y mi mamá llegan con paquetes, pasan de prisa evitando mi curiosidad y diciéndome cosas que no entiendo cuando les pregunto.

Mi familia no es muy extensa, está conformada por unos cuantos que cuando se reúnen parece que pelearan, pero sólo discuten. Es por allí que viene mi confusión: todos me corrigen, me regañan, me dicen algo. Uno de mis tíos me preguntaba si le había hecho la carta al niño Jesús. Mi primo del tatuaje si le pedí a santa Nicolás. Algunos de mis amiguitos afirman que son mis padres los que me dan los regalos (lo que es cierto, mis padres me dan regalos). Cuando a mi abuelo le digo que quiero un baloncito de beisbol trata de tranquilizarme diciéndome que me lo traerán los reyes. El día de las varillas humeantes con agradable olor mi prima hace una carta donde anota mis deseos para el espíritu de la navidad. Mi hermana que vive lejos, dice mi tío que a dos calles, me preguntó por lo que quería como regalo.

Hoy recordando un poquito me doy cuenta que el año pasado fue muy parecido. Al igual que ahora tenía muchas ilusiones de que me dieran muchos, muchos regalos… Llegados los momentos estuve muy feliz por todo lo que recibí, pero no fueron tantos ni los que yo quería.
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* Enviado al Foro de Proyecto Expresiones” (19/12/2010)

lunes, 19 de diciembre de 2011

LA PREGONERA*

A Miriam Gil

Allí estaba Miriam, como siempre. Su pregón repartiéndose en el viento por todo el mercado:

- ¡Chicharrones! ¡Frescos los chicharrones!

Muchos al pasar la saludaban con cortesía. En los ojos de otros el deseo y la gula.

- ¡Tengo los sabrosos chicharrones de guayaba!

Su voz tiene hoy el tono melancólico de las gargantas que poseen tonos melancólicos. Entre sus manos toma las populares y tostadas conchas, las balancea, y cobra el costo de su peso. Casi como un susurro, pero en voz alta, confiesa algo al comprador. Miriam no discute hoy como otras tantas veces...

- ¡Señora, chicharrón de guayaba para sus hallaquitas!

Su nostalgia despertó mi nostalgia. Me acerco a ella y le pregunto, (antes quiso despacharme):

- Gracias, pero, solamente quiero saber algo: ¿Cómo es eso de chicharrón de guayaba?

Par de lágrimas se dejaron caer de sus pardos ojos. Con palabras que denotaban un leve quiebre me regaló su secreto:

- Guayaba era el nombre de la marrana. Un animal muy lindo al que había estado engordando hace más de un año... Le había tomado mucho cariño...

- Señor, ¡tengo el sabroso chicharrón de guayaba!
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* Publicado en la revista “Para las Telarañas” Nro. 4 y 5. 1985. Págs. 27. (Centro de Investigaciones Lingüísticas y Literarias “Andrés Bello” (CILLAB) del Instituto Universitario Pedagógico de Caracas. Hoy Universidad Pedagógica Experimental Libertador- Instituto Pedagógico de Caracas.).



jueves, 15 de diciembre de 2011

ELLA, YO Y EL FAROLITO

En la mayor parte de su tránsito nuestra mamá trabajó en el diseño y confección de vestidos (en su más amplio significado) y muy especialmente para las damas. Sus clientes siempre se fueron satisfechos con sus creaciones, luciéndolos orgullosos. En ese ámbito (y en otros también) donde le correspondió desenvolverse fue muy popular y buscada. Ninguna labor le era pequeña: pegar un cierre, arreglar un cuello, recoger un ruedo… Antes de ser modelados en un acto de graduación, en unos quince años o en cualquier otra gala, esos trajes salieron de sus manos mágicas.

En algunos momentos recuerdo sus espacios con múltiples retazos de telas, botones para cada ocasión, figurines, hilos en variados colores, sus tijeras (prohibidas para lo que no fueran los cortes de su costura), y la correa de la máquina.

En lo personal me conté entre sus clientes y ayudantes. Como lo primero lucí camisas exclusivas adelantadas a la moda para el momento. Como lo segundo y gracias a ello me adentré en ese mundo de la sastrería y la confección. Estaba ella en su labor cuando en una llamada dábame unas monedas, un trozo de gabardina y las instrucciones: - Ve al Farolito y me traes un cierre de cuarenta para dama de este color… Otras veces un recorte estampado y una muestra: - Que te forren media docena de botones de este tamaño… Eran labores sencillas de ir y venir, salvo regresar por un encargo pendiente… o por haberme equivocado (siendo en este caso de inmediato). Era una distancia de unos ochocientos metros en un solo sentido.

De bordados, encajes, cintas e hilos me quedó la experiencia. Aprendí a pegar botones, ensartar agujas, recoger ruedos y hacer mandados.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

HISTORIA DE TASCA

La historia a partir de una leyenda urbana... Es uno de esos sitios en los que hombres y mujeres se reúnen para conversar y compartir tragos de diferentes sabores, y distintos resultados. Me correspondió con amigos de vieja data, entre ellos un historiador afamado que se transportó a los lejanos tiempos de los faraones donde los ingresos del pueblo se gastaban en construir tumbas, en donde tener esclavos era un privilegio y tener esposa (o esposas) exigía obligaciones parecidas a las presentes: mantenerlas contentas, felices, alegres…

El relato no tiene que ver con ningún faraón, pero si con uno de sus ministros. Era un personaje que a pesar del poco sueldo por sus obligaciones y a fuerza de tesón había hecho una de las fortunas más grandiosas del imperio. (Esto le permitía tener caballos, viviendas, esposas y esclavos).

Todos eran felices… bueno, salvo la preferida que en los momentos de intimidad (ni aun en el matrimonio) había conocido el placer que le brinda la cercanía de cuerpos que comparten caricias, clímax y relax.

Muy preocupado… (tomen en cuenta que mi amigo, el historiador entre cerveza y cerveza nos cuenta lo que él ya conoce)… Muy preocupado nuestro protagonista acudió hasta uno de los sumos sacerdotes y le narró su tragedia:

- Mi mujer se muestra indiferente en nuestros encuentros, sin emociones. Me permite avanzar hasta donde quiera y compartir cualquier fantasía, pero ni aún con eso logra la dicha.

Vino el consejo, el sabio consejo:

- Échale aire, abanícala mientras tengan la fiesta del coito…

Aunque extrañado, el ministro se propuso hacer lo recomendado. Tomó a unos de sus esclavos más fornidos. Capturado en tierras africanas y que había comprado a un costo elevado (a cuenta del erario y que nada le pesaba). Le dio instrucciones de que permaneciera con ellos en la habitación. Que al momento de las relaciones entre él y su esposa los abanicara constantemente… Así ocurrió durante varias noches: el esclavo abanicando, el ministro en su quehacer y la esposa indiferente…

- Mi amor, ¿qué te parece? (preguntaba el esposo con insistencia).

- Nada, mi amor, nada… (respondía ella).

Y todas las mañanas era el mismo rezo, amo-esclavo:

- No sabes abanicar, echar el aire... ¡Inútil!, sólo sirves para cargar bultos…

Un día cualquiera, el hombre ya “jarto”, le arrebata el abanico al esclavo y le ordena que se suba a la cama, tome el puesto de esposo, mientras él, aunque ministro, tomaría la función de abanicarles… Estando en plena faena le pregunta el ministro a la mujer:

- Mi amor, ¿cómo te sientes…?

Entre griticos, suspiros y respiración entrecortada le responde:

- Sí… a punto de… soy muy feliz…

Vuelto una fiera el hombre suelta el abanico y se enfrenta al esclavo: - ¡Te das cuenta, negro el carrizo, como es que se echa aire…!

sábado, 26 de noviembre de 2011

UNA NUEVA APARICIÓN

Aborigen desplantando yuca de la tierra fértil. Su pareja sentimental en la mar pescando. Todos haciendo: tejiendo cestas, creando alfarería, enchinchorrados, niños corriendo por el campamento… ninguno sabe de pecados…

Hace algunos años llegaron los conquistadores con pólvora y religión. Perros, espadas y caballos doblegando a la pureza, a la inocencia, esas mismas que pregonaba el Maestro… pero son “duros de roer”.

Las cosechas se perdían y la corona no recibía el oro que, según ellos, serviría para “civilizar estas tierras”. Entonces uno de los sacerdotes le planteó un plan a “su eminencia”, un plan que estaba dando buenos frutos en otras latitudes. Explayose con lujos de detalles. Terminada la exposición el superior quedó complacido y manifestó su deseo de comenzar de inmediato. Contactarían a un ebanista, Francisco Estévez, que por unas onzas de oro haría cualquier cosa. Y a unos trashumantes recién llegados de la madre patria (la de ellos)…

Entre tanto los verdaderos dueños de estas tierras buscaban la manera de expulsar a los invasores, mas sus armas eran débiles contra las de ellos y raras enfermedades los estaban mermando. Con todo eran grandes guerreros, valientes y buenos estrategas…

Contactado los artistas les explicaron lo que tenían que hacer. Su trabajo los llevaría al cielo… además de ganarse algunas monedas que harían más liviana sus penalidades en este valle de lágrimas. Protagonistas serían una actriz muy hermosa del grupo y dos sacerdotes de la congregación que ayudarían.

Todo tenía una fecha, pero una cosa piensa la burra y otra quien arriba la arrea. Cierto día, sin luna visible, los dueños de las tierras se preparaban para atacar al poblado invasor. Avisados los nuevos pobladores por algún traidor a su gente apresuraron los preparativos del complot.

Noche oscura en la sabana. Estrellas lejanas en el firmamento. Decenas de guerreros se acercan sigilosos. Caminan como gatos entre los matorrales. Imitan a las aves nocturnas para transmitirse señales…

¡Una estrella sale de su posición y se les acerca! Todos se detienen y el brillo cambia de color mientras aumenta de tamaño. Un raro sonido llena el ambiente. La luz pierde forma y toma forma: figura de mujer; rostro hermoso que brilla; velo y vestido negros confundiéndose con el espacio infinito; brisa que refresca y balancea las suaves telas. Una voz que viene de todas partes.

- Hijos míos, ¿hacia dónde os dirigís? ¿Por qué esas armas y ese odio en vuestros corazones?

Los guerreros se sorprenden: una mujer blanca que les habla en su mismo idioma. Una nube brillante en un cielo despejado.

- Id mañana al templo y contadle al sacerdote lo que habéis visto, lo que habéis oído. Decidle que vuestra madre les ordena que os bauticéis. Que perdonen vuestros pecados y que os asignen un nombre a cada uno (para todos habrá…)

Algunos huyeron por el mismo camino por donde habían llegado.

- Dadles este bastón como prueba de mi presencia.

El artefacto flotó por un instante y luego desapareció de sus manos. Momentos después estaba a los pies del cacique guerrero…

… … …

El padre Juan José, un sacerdote descendiente de conquistadores y aborígenes da instrucciones dentro de la iglesia del pueblo para que la roja alfombra quedé bien colocada y pueda su eminencia encontrarla muy de su gusto…

- Padrecito, padrecito…

- Si, María.

- La fiestas de Nuestra Señora del Velo Negro van a estar hermosas.

- Sí, hija. Y más ahora cuando ha manifestado un nuevo milagro: la aparición de la palabra FE en su bastón…

Fuegos artificiales en cielo estrellado y de luna nueva. Inicio de las festividades.

viernes, 21 de octubre de 2011

EPI LANIA AYOLOJO

La isla americana, la isla más grande de los mares terrestres. Isla dividida en dos extensiones: Venezuela y los demás países. Los primitivos habitantes viviendo en sus propias creencias. Pero llegó el descubridor, y con él los conquistadores, y con ellos las supersticiones religiosas. El enfrentamiento fue terrible: al trueno del arcabuz el vuelo de la flecha. Es en ese ambiente donde crece la leyenda. Sus padres, los hechos acaecidos. Su madre, la imaginación humana.

Tüitüi e’ichi, simple habitante de una tribu costera... Al bronce de su piel le cubre el guayuco. Nobles los sentimientos, extraordinaria la fuerza. Sobresaliente tan sólo entre sus hermanos paternos, no se le conoció compañera. Colgaba a su cuello la imagen dorada de un dios, y al que se atribuían poderosos poderes. Nadie conocía el significado de aquello.

Una joven y con... cierta belleza, enamorada del valiente trabajador, una noche de eclipse fue hasta el dormitorio de su amante. Silenciosa evita los ruidos delatores, pero el singular olfato auditivo percibió la presencia. Presto a la defensa se levantó con agilidad felina. Al verla sus músculos tensos se relaxjaron y un extraño brillo se desprendió de sus negras pupilas. El deseado abrazo no se hizo esperar. La voz femenina susurraba al oído, al tiempo que preguntaba sobre el significado de aquel misterioso collar. La respuesta varonil no alargó la espera: -Aashaje'eraa iipünaa anülia.